TENIS

Locura en el Tenis

MARCO TRUNGELLITI, EL TENISTA ARGENTINO QUE ENFRENTÓ A LA MAFIA DEL TENIS

Su vida personal y deportiva cambió cuando se negó a participar en el negocio de las apuestas.

La vida de Marco Trungelliti cambió en 2015 mientras se entrenaba en busca de lograr el despegue de su carrera. Estando en el top 200 del ranking recibió una propuesta tan inesperada como indeseada . A través de Facebook una persona lo convocó a una reunión, donde supuestamente le harían una propuesta de sponsoreo.

«Nosotros tenemos es un sistema de apuestas y hablamos con los jugadores para arreglar partidos», fue la frase concreta que escuchó el tenista argentino  de boca de uno de sus interlocutores en la reunión que se concretó unos días después en un bar ubicado en Manuel Ugarte y Cabildo, en el barrio porteño de Belgrano.

Su asombro creció cuando escuchó las cifras que ofrecían: entre 2000 y 3000 dólares por partido de Future, entre 5000 y 10.000 en Challengers, y entre 50.000 y 100.000 por encuentros de ATP.

«Cuando me lo ofrecieron pensé: ‘No hay manera, esto no es lo mío, no estoy acostumbrado a estas cosas, viviría con una culpa inhumana’. Pasó eso, yo me iba a los días a Suiza y allá hice el reporte a la Tennis Integrity Unit(TIU). Ahí empezó todo, me pidieron información sobre qué había hecho en la reunión, con quién, capturas de pantalla, todo», contó el actual 114° del ranking ATP.

«En algún momento comparas y decís: ‘Pucha, yo sé que tengo que laburar seis meses para conseguir esta plata que me ofrecen y si arreglás un partido hacés así y ya está’. Entonces, es normal que la gente que no tiene la moral firme caiga en una tentación así», agregó.

Marco Trungelliti protagonista de una locura en el tenis

Pero su denuncia se volvió una pesadilla cuando a Trungelliti lo hicieron declarar en las investigaciones contra tres de los argentinos sancionados por el TIU, Federico Coria, Nicolás Kicker y Patricio Heras. «Uno de los tres jugadores argentinos dice que yo le tenía bronca y que por eso lo denuncié. Que la TIU me enganchó arreglando partidos y que si yo canjeaba información y vendía compañeros, me reducían la sanción. Totalmente falso», explica.

Lo cierto es que, por este motivo, Trungelliti vive un calvario cada vez que viene a Argentina. Lo tildan de «buchón», de «topo» y lo miran de reojo cada vez que pisa un club. Por eso, tras quedar eliminado del ATP de Buenos Aires decidió recortar su estadía en el país y volver a Andorra, donde vive desde fines del año pasado.

El suizo que lo ayudó a denunciar: Joss Espasandin 29 años.

¿Cuándo y cómo conociste a Trungelliti?

-En 2007, en un torneo junior en Mar del Plata, en el Club Náutico. Jugué contra él en la qualy de un G2. Yo estaba con diez raquetas en el bolso, patrocinado, todo preparado de arriba abajo. Pero el tipo vino con una raqueta sola y me cagó a palos (sonríe). Todavía me acuerdo que cortó cuerda, pidió otra prestada y jugaba igual. No lo creía. Eso me generó simpatía por él. Yo no hablaba mucho con los chicos, pero lo respeté mucho. Y me acordé de su nombre siempre. Después, en el 2012, jugamos en un Future en Santiago del Estero; perdí en tres sets. Después del retiro, el club donde juego buscaba tenistas para los Interclubes y ahí lo llamé. Entré en contacto y vino a jugar ese año con Federico Coria. Pegamos muy buena onda, lo ayudé con un par de cosas y así construimos la relación.

Trungelliti reveló, en febrero en que a los pocos días de recibir la propuesta de una organización de arreglos de partidos y apuestas viajó a Suiza para entrenarse con vos. ¿Qué recordás del momento en el que te contó lo que le había sucedido en Buenos Aires?

-El tema es que yo estuve mucho tiempo en la Argentina, era discreto, pero muchos pensaban que, como no hablaba muy bien el español, no entendía un carajo y era un boludo. Entonces, algunos jugadores y entrenadores hablan barbaridades adelante mío. A Marco ya lo había advertido de algunas personas que yo sabía que estaban con cosas oscuras. Cuando me avisó que lo habían citado para ofrecerle un sponsoreo, le dije: ‘Tené cuidado’. Y le pregunté qué tipo de patrocinador era: si pagaba, si invertían en él y tenía que devolver, como hacen en la Argentina, o si le pedían tirar partidos. Él no sabía nada, ni enterado estaba y me dice: ‘¿Cómo?’. Eso fue antes de su reunión, yo estaba en Suiza y hablamos por teléfono. Él era inocente en todo ese mundo. Fue a la reunión, volvió muy asustado, me llamó y me dijo: ‘Tenías razón. Me ofrecieron arreglar partidos’. Y a partir de ese momento le dije que lo mejor que podía hacer, si tenía pruebas de mensajes y llamadas, era denunciarlos.

El argentino en pleno partido

-¿Cómo siguió todo a partir de allí?

Cuando Marco llegó a Suiza estaba mal, pero decidido. Entonces lo ayudé a preparar el e-mail para que enviara a la TIU, ya que él todavía no sabía escribir muy bien en inglés. Le dije que si le gustaba el deporte no dejará que esa gente oscura siguiera haciendo algo que estaba mal y los denunciara. Él no iba a poder influir en nada, ya que la investigación y la sanción quedaba en manos de la Justicia, de la TIU y de las organizaciones involucradas. Pero él debía hacer su parte, y lo hizo. Yo seguí el caso de cerca; inclusive, estuve en la lista de personas que debieron declarar en los juicios ante la TIU, por oral y escrito. Solo tuve que confirmar que Marco me había contado lo que había pasado. A mí me citaron para los juicios a Heras y a Kicker, a quien yo conocía y me dolió lo que le pasó con él, porque conocí a su padre y a su familia y sé que son gente de primera. Con Kicker entrenamos mucho en la zona oeste, él es de ahí y yo vivía en Castelar. Nos cruzábamos seguido y hasta viajamos juntos a varios Futuros. Pienso que estuvo mal influenciado por alguien.

-¿Celebras lo que generó la denuncia de Marco?

-Sí. Jugadores activos y retirados se refirieron al tema, pero deberían hacerlo muchos más. Los protagonistas tienen que hablar más sobre esta enfermedad.

¿Ponés las manos en el fuego por Trungelliti?

-Sí. Las dos manos.

Entrevista vía: La Nación

Juan Ignacio Vidaurre

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